Claire. cuento corto. tercera parte.

23/06/18              caballero, espejo, llave, sótano.

–¡Bah!, ¿caza fantasmas?–dijo

Rose, contactaría con el detective para enviarlo a casa de Claire. Al día siguiente, un caballero se presentó a las puertas de la casa.

–La señorita Claire Novacek–preguntó.

–¿Quién la busca?–preguntó su madre desconcertada.

–Soy Vladimir Mezlik, aquí está mi tarjeta–dijo.

La tarjeta rezaba la siguiente leyenda: V. Mezlik ( Agencia de detectives especializado en fenómenos paranormales y del más allá).

Christine no podía salir de su asombro. De nariz afilada, alto y delgado. Vestía un saco color café claro, que combinaban con su pantalones hechos a la medida; rematado con una camisa amarillo claro.

–¿La señorita Claire, supongo?

–Para servirle–dijo

–Hola, soy Vladimir Mezlik–dijo

Claire, relató a Mezlik  los sucesos extraños de las últimas semanas.

–Alguien necesita tu ayuda, puede ser una presencia del más allá, que se manifiesta de diferentes formas. Instalaremos cámaras y micrófonos para monitorear cualquier indicio de actividad fuera de lo normal–dijo Mezlik.

Al principio los padres de Claire rechazaron la idea, pero ante la insistencia de su hija y Mezlik; estuvieron de acuerdo.

Claire, pasó la noche en la habitación contigua y, efectivamente por los vídeos y grabaciones de sonido analizados. Se detectó una presencia paranormal del sexo femenino. Una joven de la misma edad que Claire.

Posteriormente, Mezlik, explicó a Claire, que el espejo era un túnel que conectaba al más allá con el mundo material por medio del cual se comunicaba el fantasma de la chica. Por ésta razón escuchaba voces, veía sombras y ruidos extraños, que parecían provenir de lugares indeterminados de la casa.

Pero, ¿ qué era lo que buscaba aquel fantasma? preguntaron los padres de Claire.

–No lo sé, para eso estoy aquí–dijo Vladimir Mezlik.

Tuvieron que pasar un par de días para que el fantasma volviera a manifestarse, ésta vez monto en cólera contra los habitantes de la casa. Las mascotas de Claire, un par de bulldogs sufrieron las consecuencias estuvieron ladrando y aullando casi toda la noche.

En los siguientes días. Claire, mantuvo al tanto a su amiga Rose de los acontecimientos. Rose, por su parte la consolaba. Diciéndole que todo iba a estar bien.

Por fin, Mezlik encontró una pista. Claire, le dijo, que en el mensaje del espejo. La chica además de pedirle ayuda. Le rogaba que buscara una llave y, que había notado que uno de los cajones del tocador se encontraba cerrado. De seguro esa gaveta contenía algo muy importante que podría ser la clave del misterio.

Los padres de Claire, sabían de un sótano muy antiguo, en el que la familia tenía guardados toda clase de objetos durante décadas. Desde muebles y alhajas, hasta cuadros pintados al óleo, juguetes, herramientas y utensilios de cocina.

Al bajar, encontraron un alhajero que contenía sortijas, dijes y  collares de perla. Pero, también hallaron un álbum familiar que contenía fotografías de los bisabuelos, abuelos, tíos, y de la madre de Claire en pañales. Había una en particular en la que aparecía la abuela con su hermana adolescentes. El parecido entre ambas era sorprendente. Aquella fotografía dejó sin palabras a Claire, pues se trataba de la misma chica que había visto en los pasillos de la casa.

Fin de la tercera parte.

 

 

 

 

Claire. cuento corto. segunda parte

27/05/18         Espejo, detective, arma, llaves

Por instinto empezó a buscar dentro de las gavetas del mueble, una permanecía cerrada. Intentó buscar la llave en los otros cajones sin resultado. Alguien, tal vez, la persona que había ocupado antes aquella habitación; la mantenía cerrada.  Según supo después, una hermana de su abuela, muerta en circunstancias extrañas;  había sido la dueña anterior.

La chica, de manera inexplicable enloqueció, para terminar vagando sin rumbo por las calles de la ciudad. Unos oficiales la encontraron en un parque sentada al pie de un árbol, tenía huellas de golpes y heridas hechas con un objeto punzocortante, pero nunca se supo quién la había asesinado. El caso fue archivado. Claire, estaba sorprendida. Sus padres nunca le dijeron qué sucedió en aquel otoño de mil novecientos cincuenta y dos, ni siquiera su abuela.

Claire, continuo su vida rutinaria. Sus amigas en cierta ocasión le comentaron que su casa estaba embrujada. Ella consideraba absurdas tales afirmaciones, pero la incertidumbre crecía en su interior ante la falta de respuestas por parte de su familia. Una tarde encontró un mensaje escrito en el espejo frente a su cama.

–¡Ayúdame, busca la llave, por favor!– decía.

Angustiada, bajó corriendo las escaleras hasta llegar a la cocina. En ese momento, sus padres mantenían una conversación animada con unos amigos.

–Mamá, quiero hablar contigo a solas–dijo Claire.

Interrumpiendo aquella charla, y ante la mirada incrédula de los presentes.

–Tom, Lucy, les presento a Claire nuestra hija–dijo su padre.

–Hola Claire–dijo aquel hombre en tono jovial.

–Hola–dijo mecánicamente, para de nuevo concentrar su atención en su madre.

Una vez a solas, Claire, le reclamó el hecho de haberle ocultado la verdad sobre su tía abuela. Un secreto a voces que sus vecinos y compañeras de colegio conocían.

–Es verdad todo, pero créelo no fue nuestra intención ocultártelo, pensábamos que. .

–¿Qué mamá, ocultarme mi pasado, mis raíces?. ¿De qué te avergüenzas?  encontré un mensaje en el espejo de mi habitación– dijo

–¡Qué! no puede ser, alguien quiere hacerte daño–dijo su madre afectada.

–Si, y desde que llegamos a este lugar es peor. Dime, mamá ¿en qué sitio guardas las llaves del tocador de mi habitación?–preguntó

–Hija, no sé de qué hablas–afirmó confundida su madre.

Se dirigieron a la habitación. El espejo se encontraba limpio, sin mancha alguna.

–Mamá, te juro que el mensaje estaba allí; pintado con lápiz labial. El mensaje decía: ¡ayúdame, busca la llave, por favor!

–Mira, hija, últimamente has estado bajo presión. El cambio de residencia, la nueva escuela, la muerte de la abuela. Sugiero  te tranquilices–dijo su madre.

—  No estoy alucinando, acabo de ver un mensaje escrito en el espejo–dijo, para enseguida volver a  bajar de forma apresurada las escaleras.

Sentía la necesidad que alguien la escuchara con objetividad, quizá su amiga Rose lo haría. Tomó su chaqueta para salir. Atardecía y una suave brisa le acarició el rostro. Al llegar a casa de Rose, le contó lo sucedido. Su amiga escuchó con atención.

–Claire, necesitas ayuda, conozco un psicólogo que. . .

–¡No necesito un psicólogo, entiendes!–dijo.

–¡Un detective! necesitas un detective paranormal, de esos que buscan fantasmas–exclamó Rose.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE