Claire. cuento corto. segunda parte

27/05/18         Espejo, detective, arma, llaves

Por instinto empezó a buscar dentro de las gavetas del mueble, una permanecía cerrada. Intentó buscar la llave en los otros cajones sin resultado. Alguien, tal vez, la persona que había ocupado antes aquella habitación; la mantenía cerrada.  Según supo después, una hermana de su abuela, muerta en circunstancias extrañas;  había sido la dueña anterior.

La chica, de manera inexplicable enloqueció, para terminar vagando sin rumbo por las calles de la ciudad. Unos oficiales la encontraron en un parque sentada al pie de un árbol, tenía huellas de golpes y heridas hechas con un objeto punzocortante, pero nunca se supo quién la había asesinado. El caso fue archivado. Claire, estaba sorprendida. Sus padres nunca le dijeron qué sucedió en aquel otoño de mil novecientos cincuenta y dos, ni siquiera su abuela.

Claire, continuo su vida rutinaria. Sus amigas en cierta ocasión le comentaron que su casa estaba embrujada. Ella consideraba absurdas tales afirmaciones, pero la incertidumbre crecía en su interior ante la falta de respuestas por parte de su familia. Una tarde encontró un mensaje escrito en el espejo frente a su cama.

–¡Ayúdame, busca la llave, por favor!– decía.

Angustiada, bajó corriendo las escaleras hasta llegar a la cocina. En ese momento, sus padres mantenían una conversación animada con unos amigos.

–Mamá, quiero hablar contigo a solas–dijo Claire.

Interrumpiendo aquella charla, y ante la mirada incrédula de los presentes.

–Tom, Lucy, les presento a Claire nuestra hija–dijo su padre.

–Hola Claire–dijo aquel hombre en tono jovial.

–Hola–dijo mecánicamente, para de nuevo concentrar su atención en su madre.

Una vez a solas, Claire, le reclamó el hecho de haberle ocultado la verdad sobre su tía abuela. Un secreto a voces que sus vecinos y compañeras de colegio conocían.

–Es verdad todo, pero créelo no fue nuestra intención ocultártelo, pensábamos que. .

–¿Qué mamá, ocultarme mi pasado, mis raíces?. ¿De qué te avergüenzas?  encontré un mensaje en el espejo de mi habitación– dijo

–¡Qué! no puede ser, alguien quiere hacerte daño–dijo su madre afectada.

–Si, y desde que llegamos a este lugar es peor. Dime, mamá ¿en qué sitio guardas las llaves del tocador de mi habitación?–preguntó

–Hija, no sé de qué hablas–afirmó confundida su madre.

Se dirigieron a la habitación. El espejo se encontraba limpio, sin mancha alguna.

–Mamá, te juro que el mensaje estaba allí; pintado con lápiz labial. El mensaje decía: ¡ayúdame, busca la llave, por favor!

–Mira, hija, últimamente has estado bajo presión. El cambio de residencia, la nueva escuela, la muerte de la abuela. Sugiero  te tranquilices–dijo su madre.

—  No estoy alucinando, acabo de ver un mensaje escrito en el espejo–dijo, para enseguida volver a  bajar de forma apresurada las escaleras.

Sentía la necesidad que alguien la escuchara con objetividad, quizá su amiga Rose lo haría. Tomó su chaqueta para salir. Atardecía y una suave brisa le acarició el rostro. Al llegar a casa de Rose, le contó lo sucedido. Su amiga escuchó con atención.

–Claire, necesitas ayuda, conozco un psicólogo que. . .

–¡No necesito un psicólogo, entiendes!–dijo.

–¡Un detective! necesitas un detective paranormal, de esos que buscan fantasmas–exclamó Rose.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE