CUENTO: POR ANDAR EN LA PARRANDA.

02/01/17                Cuento, borrachera, río, facebook

¡Feliz Año Nuevo 2017! ¡Happy New Year 2017! ¡Bonne Année 2017!

El siguiente relato no pretende hacer una apología de las bebidas alcohólicas ni de las personas que consumen alcohol.

Juan, dio un mal paso y cayó del puente, sin embargo, estaba borracho. Previo al evento, había estado ingiriendo alcohol en cantidades insospechadas con sus compadres Pedro y Pablo, en aquel bar de mediana categoría. Lupe,su esposa, ya ni lo esperaba como  cuando estaban recién casados. Ella se desvivía por atenderlo, pero después de un par de años desistió de tal empresa; pues se dio cuenta que era inútil.

Alta y rolliza, sus amigas en la prepa le decían la nalgas de viuda, pues poseía un trasero voluminoso. En ese tiempo  el mentado Bullying era casi inexistente.  Al concluir la escuela se casó con Juan, su novio de la secundaria.

Procrearon dos hijos Roberto y Rebeca. Adolescentes ambos. El chico tenía un gran parecido a su padre como es de suponer. Desgarbado, estaba en la edad de la punzada. En sus ratos libres se dirigía a su cuarto para jugar videojuegos en su celular y observar pornografía, que bajaba de la red, cada día cuando era urgente  se hacia una paja.  Sus compañeros le decían cómo eran capaces de superarlo con cuatro,  él creía sin cuestionar aquellos dichos, aunque fueran simples exageraciones de chamacos imberbes. Por su parte, Rebeca tenía cierta fama por su belleza, sin embargo, explotaba fácilmente pues tenía un temperamento voluble.

Luego estaban sus compadres: Pedro y Pablo, que curiosamente llevaban los mismos nombres de aquellos  personajes celebres de Hanna- Barbera: “Los picapiedra” a Juan le parecía absurdo, pero al mismo tiempo ridículo. Ellos eran sus colegas en la oficina además de compañeros de parranda.

El caso es que aquel fin de semana, salieron de la empresa temprano. Para dirigirse al bar de costumbre. Juan, ni siquiera se molestó en marcarle a su esposa por el celular, que se pasaba los días visitando a sus amigas las vecinas; quienes no perdían la oportunidad de criticar a su marido, además de hablar sobre los temas de moda.

Con el paso de los años y el nacimiento de ambos vástagos. La pasión entre ambos se enfrío. Hasta el punto de dormir en camas separadas provocando que el matrimonio estuviera al borde del naufragio total.

Mari, la mesera de aquella cantina conocía bien a Juan, pues en varias ocasiones habían estado juntos. Le  confesó sus problemas matrimoniales. Ella lo comprendía. Alta, guapa y madre soltera. Había llegado a la costa chiapaneca desde tierras más al sur. Desde Honduras el país de la Lempira, los catrachos y el baile de punta, como toda catracha aprendió a tratar a los varones con cariño. Los hombres decía son como niños pequeños a los cuales hay que mimarlos, pues necesitan de su madre.

Después de pasar toda la tarde platicando y al calor de las copas. Juan, discutió con Pablo, si el ámerica ganaría el clásico frente a tigres.  Le predijo el marcador. Juan, obsesionado no entendía la postura de Pablo.

–El ámerica es el mejor equipo–dijo Juan.

–No,¿ cómo crees? son los tigres–dijo Pablo.

Pedro, era una especie de mediador, pues prefería la lucha libre al futbol.

Juan, liquidó la parte que le correspondía de la cuenta para emprender el regreso a casa. Se dio a la tarea de buscar un taxi, pero todos continuaban su camino al verlo demasiado ebrio.

–¡Uta, ni un pinche taxi! ¡Culeros!–dijo.

Caminó sin parar un par de cuadras, las cuales le parecieron más estrechas y largas de lo normal. ¡Pos claro, estoy bien borracho! pensó.

Al llegar a un  puente construido sobre el rio, que cruzaba a lo largo de la ciudad.   Se palpó los bolsillos del pantalón en busca de unas monedas para hablar a casa desde un teléfono publico, pues ya no tenía saldo en su celular. Al intentar sacarlas, sucedió:

Las monedas se desparramaron por toda la acera, corrió tras ellas, hasta tropezar y caer sobre la protección de la orilla del puente, para caer al vacío desde una altura considerable. Por fortuna el río tenía suficiente agua para recibir a un tipo borracho hasta las chanclas.

–¡Ay, wey!–gritó.

Los testigos dijeron, que se dirigió al puente, y que desde allí se había arrojado con intención de suicidarse.

–¡Ayy, por Dios, ya se mató!–

Exclamó una señora, que aterrorizada fue testigo de aquella escena.

–Mire señor lo que hace la bebida–dijo después la señora al reportero del periódico: “El zanate del sur”.

Como pudo salió a la orilla del rio recostándose en un vado. El pobre tipo jadeaba.

–¡Llamen a los bomberos, a protección civil, a la policía, el ejercito. ¡Ya se murió, se murió, ay!–gritaba otra señora.

Al poco rato llegaron los paramédicos. Con cuidado lo inmovilizaron para después subirlo a una camilla.

Su esposa se enteró por medio de sus comadres,  que le mandaban Whatsapp al celular y sus hijos por medio del Facebook.

–Comadre, su Juan se quiso suicidar–le comentó la comadre Lupita.

— Hey, Rebeca tu papá salió en las noticias se arrojó del puente que cruza el rio. Alguien que iba pasando por allí lo filmó con su teléfono inteligente para subirlo al face–le dijo una amiga.

Cuando llegaron, lo  subían a una ambulancia. Su esposa tenía un semblante de angustia, pues su gordo estuvo a punto de desparramar sus sesos por todo el rio. Mientras tanto, Juan, mentando madres decía que quería otra cerveza, pues tenía mucha sed.

¿El diagnostico final? Un brazo y tres costillas rotos, además de diversos golpes en diferentes partes de su anatomía.

En el hospital, Pedro y Pablo lo visitaron.

–Órale, compadre, pues es que ibas como placa de camión, hasta atrás compadre, hasta atrás–le dijo Pedro.

El asunto no pasó a mayores, al poco tiempo fue dado de alta. Abandonó el hospital en una silla de ruedas, y eventualmente utilizó un bastón. Poco después en el bar de costumbre, Juan comentó:

–Caramba, compadre tengo siete vidas como el gato–

–No, compadre te quedan seis compadre, te quedan seis–le dijo Pablo.

–Salud,  compadritos–dijo Juan

–Claro que si, salud–dijeron al unísono Pedro y Pablo para enseguida levantar sus vasos.

Mientras que Mari, se acercó hasta la mesa con una nueva ronda de cervezas.  Y con una amplia sonrisa dijo:

–Hola, Juanico que milagro que vienes por acá. Me dijeron que te bañaste en el río. ¿Es cierto eso?–

— Tenía mucho calor, je, je–le respondió.

En ese momento todos se rieron a carcajadas, para continuar la tertulia  hasta bien entrada la noche.

Juan, por su parte tuvo más precaución desde aquel día. Ahora rodea la calle que conduce al puente por donde pasa el río.

F I N

Mario M. Toledo Ley

Derechos reservados 2016.