CRÓNICA.

     Crónica de una entrevista al periodista Mario Ruíz Redondo realizada por el también periodista y escritor Marco Aurelio Carballo (Mac).

     Me dirijo hacía la mujer policía, que se encuentra en el vestíbulo:

–¿Aquí imparten el taller de narrativa de Marco Aurelio Carballo?–

–Sí, es en la segunda planta del lado derecho. Hay un pasillo continúe por él hasta llegar al fondo–me responde.

–Gracias–le digo.

     Comienzo a subir peldaño tras peldaño por aquellas escaleras. Al llegar compruebo lo que me informaron. Puedo observar al lado derecho que existe una división de cristal, y a la mitad un acceso, sin embargo, al cruzar la estancia del lado izquierdo, puedo ver un salón de clases improvisado y, en éste más de una docena de jóvenes preparatorianos, quizá.

     Están en una clase de maya mam. Me gratifica comprobar, que los jóvenes de hoy se interesan por preservar el lenguaje de nuestros antepasados.

     Una señora muy afable me acompaña hasta el lugar de la reunión.

     Al primero que saludo es a Mac, quien, aunque delicado de salud, conserva una lucidez extraordinaria y una voluntad de acero. Enseguida saludo a Mariam Noriero, tabasqueña de nacimiento, pero avecindada en Huehuetán desde hace varios años.

     Mac, sugiere que, por ser pocos nos sentemos más cerca de él. Petición que no podemos rechazar.

     Hace su arribo el periodista Mario Ruíz Redondo, acompañado de su señora esposa, supongo.

     Más tarde se suma Godofredo Hernández, alumno aventajado en el taller y con terreno recorrido en éstos menesteres de la literatura. En amena charla, y degustando un rico café intercambiamos ideas e impresiones. Escucho atento el comentario de Mac, sobre aquel escritor gringo, pero de origen alemán: Charles Bukowsky, a quien en cierta ocasión habían entrevistado y, se había salido del protocolo, como sólo él solía hacerlo.

     Mac, nos informa que se va a realizar una crónica de una entrevista sobre un personaje destacado. Mario Ruíz, propone a nuestro coordinador Mac, para la entrevista, pero él se niega aduciendo que no es lo suficientemente famoso para merecer tal distinción. Por fin el acuerdo es que el entrevistado sea Mario Ruiz, y el entrevistador el propio Mac.

     Noto como la entrevista avanza de una manera fluida, y la gran experiencia que poseen ambos como periodistas.

     Mac, le pregunta: ¿Si había escogido la carrera de periodista por vocación? La respuesta es afirmativa, en efecto, dice. Pero fue poco a poco, hasta llegar a descubrir que su destino final era el periodismo.

     Las preguntas se sucedieron una tras otra, con pausa, sin prisa. Luego se refirió el entrevistado sobre las intenciones de escribir, quizá una novela. Sobre el autoexilio voluntario de la tierra natal y su eventual migración hacia la capital de la república, sobre el vinculo entre periodismo y literatura, sobre anécdotas, andanzas y peripecias con personas, lugares y cosas. El entrevistador cerró con una pregunta sobre el contenido de su columna en el matutino: “Cuarto poder”, del cual ha sido colaborador desde hace varios años. La respuesta no se hace esperar y manifiesta que es una columna de critica constructiva. Con sentido social buscando contribuir al mejoramiento de nuestro estado y región.

     La entrevista concluye conforme a lo pactado en tiempo y forma. Mac, manifiesta, que es la última sesión. Mariam, cuestiona el por qué de ésta aseveración.

     La respuesta de Mac, es que no hay presupuesto. La despedida es rápida, sin ceremonias. Comentarios e intercambio de impresiones hay muchos, entre Mariam, Godofredo y un servidor, como el de trabajar posteriormente en la creación de una publicación; quizá en la que podamos colaborar con trabajos como: Cuentos, crónicas, fragmentos de novelas, ensayos, etc.

     Intercambiamos algunas direcciones de correo electrónico y, nos despedimos con la promesa de volver a reunirnos en un futuro no muy lejano.

     Al cumplirse exactamente un año  de haberse realizado ésta entrevista. Nuestro estimado maestro y amigo: Mac, falleció a los setenta y dos años, a causa de una larga enfermedad. Vaya pues, ésta crónica, como un pequeño homenaje a su labor y de las semillas que sembró en cada uno de sus estudiantes. Muchas gracias.

 Mario M. Toledo Ley.

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