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CUENTO

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  HE AQUÍ UN CUENTO DE MI TIERRA, AL SUR DE MÉXICO,FRONTERA CON GUATEMALA. LUGAR BAÑADO POR LAS COSTAS DEL PACÍFICO Y, DE UNA VEGETACIÓN EXHUBERANTE. EL SOCONUSCO, REGIÓN COSMOPOLITA. TIERRA DE MIGRANTES: ALEMANES, CHINOS, LIBANESES, FRANCESES Y UNO QUE OTRO AVENTURERO.  SIN MÁS PREAMBULOS, AQUÍ ESTÁ EL CUENTO.

EL BREBAJE

     Su nombre Joel Vázquez, oriundo de Tuxtla Chico, dedicado a las labores del campo, cierta noche despertó de una pesadilla. Asustada Felipa, su mujer le preguntó:

–¿Qué te sucede?–

–Nada, sólo tuve un mal sueño. No te preocupes mañana te cuento–agregó.

–De acuerdo–dijo Felipa.

Joel, en su niñez solía escuchar relatos de aparecidos, espantos y ánimas en pena contados por su abuelo.

De adolescente, casi pierde la vida al ser arrastrado por las turbulentas aguas del río Suchiate, sus amigos lo salvaron arrojándole cuerdas, hasta sacarlo a los márgenes del río.

Distraído en su andar, moreno y delgado, apenas concluyó su educación secundaria.Por su parte Felipa, conoció a Joel en un baile de la comunidad. Desde que lo vio se enamoró de él.

Delgada, alta y morena. Tenía un tic, que le hacía cerrar los ojos con fuerza.

Al amanecer, Joel contó a Felipa lo que soñó:

–Entre a casa del abuelo y observé que todos lloraban, en la sala al centro de ésta había un féretro–dijo.

–¿Qué más?– preguntó Felipa ansiosa.

–Me dirigí al ataúd abierto para asomarme y. . . ¡Dios mío!–dijo.

–¿Qué? –dijo Felipa.

–¡Pues que era yo!–agregó Joel.

–¡Jesucristo!–exclamó Felipa.

–¿Y qué pasó después?–inquirió.

–No vi más, sólo desperté–dijo.

Con sentimientos encontrados permanecieron con la vista clavada al suelo. Por fin, Felipa rompió el silencio.

Mira, vamos a visitar al tío Julio, él lee las cartas y nos dirá qué significa tu sueño–dijo.

Consultaron a su tío acerca de aquel sueño misterioso.

–Según la consulta de las cartas, Joel, tu cuerpo y voluntad serán tomados por alguien–agregó Julio.

–¿Por quién?–preguntó Felipa angustiada.

–Una persona que te envidia mucho–dijo.

–Pero no tengo enemigos–balbuceo Joel.

–Tienes enemigos, pero no son declarados–aseveró Julio.

Joel, dijo estar dispuesto a todo con tal de alejar a sus adversarios.

Días después, cuando Joel estaba en el maizal, sintió que alguien lo observaba, era Filomena, su amante.

–¿Qué haces aquí, chingaos? dijo Joel.

–Hace días que no me visitas–dijo Filomena.

–¿Visitar? estás loca– dijo.

–ah, hora ni me conoces. Mira, te espero hoy en la noche–agregó Filomena.

–Está bueno, ahora vete–le dijo Joel.

Joel, no llegó a la cita, y Filomena despechada urdió un plan. Quería retenerlo a su lado. Para tal propósito visitó a un brujo, que le dio un brebaje con el cual amarraría para siempre a su amado.

–Te voy a dar el bebedizo, pero cuidado. Tienes que aplicarlo en el lugar y momento adecuados–añadió el brujo.

–Eso haré–dijo Filomena.

Poco después, Joel llegó a casa de Filomena y, se pusieron a hacer el amor con locura, entregándose el uno al otro sin reservas. Al concluir, se trasladaron a la cocina, y filomena ofreció a su amante una taza de café con siete gotas del brebaje ni una más ni una menos.

Joel, bebió de aquella taza, se despidió de su amante y retornó a casa. A medianoche un aullido lastimero se escuchó en el patio, era el fiel perro de la familia que presintió la fatalidad.

–Viejo, despierta–gritaba Felipa.

Joel, yacía en la cama muerto.

Al sepelio acudió gran parte de la comunidad, que murmuraba sobre lo acontecido. Dos mujeres: Felipa, su esposa, quien se desmayó de dolor y Filomena su amante, que escondida a lo lejos observó como su hombre descendía a su última morada. Inconsolable, Filomena se preguntaba qué era lo que había hecho mal.

Hice lo que me dijo el brujo, pensó. Deprimida, buscó consuelo en brazos del hechicero, que sustituyó a Joel, a quien dios tenga en su santa gloria.

Mario M. Toledo